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Samuel Larson

¿Cuál es su banda sonora favorita?

Yo rescataría de La Vendedora de Rosas la utilización del lenguaje tal cual como es. Es algo complicado que valoro mucho porque puede convertirse en un problema cuando el espectador siente que necesita subtítulos para comprender los diálogos pero es muy interesante porque es todo un rescate antropológico. La lengua es probablemente una de las cosas que más nos identifica en cualquier lugar como personas, la sonoridad de cada idioma y los modismos particulares son muy importantes. En La Vendedora de Rosas esto tiene un valor más allá de lo estético y artístico, hay un inmenso valor documental en el registro de esta forma de hablar.

¿Cuál es la frase de alguna película colombiana que más recuerda?

No recuerdo un diálogo concreto y completo pero sí recuerdo claramente el “gonorrea” de La Vendedora de Rosas, me llamó mucho la atención esta palabra.

¿Qué hecho le hizo entender la importancia del sonido en sus películas? 

En el proceso he tenido experiencias reveladoras en donde llego a cosas que no podría haber previsto, me he enfrentado a hacer diseño de sonido entendiéndolo como creación de sonidos que no existían. Lo he trabajado mucho en ciertas películas a partir de cambiarle la frecuencia a ciertos sonidos, haciéndolos una o dos octavas más bajos para descubrir nuevas cosas como por ejemplo en la película Vera de Francisco Athié, estuve trabajando con muchos ambientes que al pasarlos a frecuencias más bajas se convertían en otros ambientes. Empecé a oír por ejemplo en unas escenas los sonidos de los murciélagos en unas cavernas, escuché su canto y su música y utilicé el recurso para crear nuevas atmósferas.

¿A qué le suena el cine?

Hay muchos tipos de cine; algún tipo de cine me suena a vida y otro como particularmente el de Hollywood me suena a muerte, a abuso de ciertos elementos, a siempre el mismo tipo de utilización de los recursos, me suena a un estilo de música decimonónico que siempre se repite y se repite. Encuentro cines que me suenan a vida en donde particularmente al no utilizar tanta música nos dejan escuchar los sonidos de la vida, como en La Vendedora de Rosas, por ejemplo.

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